Fue una experiencia transformadora. Conocer el trabajo de mujeres de toda América Latina nos permitió reconocer la potencia de nuestras voces. Escuchar a referentes como Marisol Vera, con más de 40 años en el ámbito editorial, fue como ingresar a una escuela viva, donde los límites se convierten en desafíos dentro de una sociedad aún marcada por profundas divisiones.
Reflexionamos sobre temas urgentes y necesarios: literaturas amazónicas y afrodescendientes, escritura en contextos de violencia, memoria del cuerpo y del territorio, decolonización, desafíos editoriales, disidencias sexuales, y lenguas originarias. Cada diálogo nos dejó semillas para seguir fortaleciendo el trabajo que realizamos en nuestros propios territorios.
La Casa de la Literatura Peruana se convirtió en un espacio de escucha, cuestionamiento y sororidad: una esfera viva de palabras nacidas desde el respeto y el amor compartido.
Leer en kichwa es siempre un acto ceremonial. Compartir mi poema “KARUPURIK PACHAKUNA”, inspirado en mi bisabuela, fue profundamente significativo. Estoy segura de que, en ese momento, cada una evocó a la suya. Porque quienes venimos del Ande compartimos símbolos vivos: el fogón encendido, las enseñanzas de nuestras abuelas, el calor de un amor que es esencialmente comunitario.
En mi ponencia, “La literatura en lenguas originarias del Ecuador”, hablé de una literatura que nace de la oralidad y que, al encontrarse con el alfabeto occidental, ha logrado expandirse para fortalecer la raíz. Una literatura que es memoria, resistencia, lucha y trascendencia. Una voz que continúa viva gracias a quienes, con compromiso y amor, sostienen la palabra de nuestros pueblos.
Asumo este camino como un llamado profundo de ser la voz de los pueblos y nacionalidades del Ecuador, con responsabilidad, entrega y amor.
El ELE 2026 deja un eco que seguirá resonando en cada una de nosotras: alrededor de la fogata que abriga y de la palabra que une.
Agradezco profundamente a mujeres maravillosas que hicieron posible este encuentro: Doris Moromisato, Liliana Minaya y Jaidith Soto, coordinadoras de este espacio que ha sido mucho más que un evento, sino un acto de resistencia política y amorosa.
Gracias por sostener la palabra con tanta fuerza y valentía.
Larga vida al ELE ✨🔥