El jardín donde floreció la palabra: memoria del I Premio Nacional de Literatura para Mujeres del Ecuador

Hay sueños que llegan como una intuición leve, casi temblorosa, como si dudaran de su propia existencia. Y, sin embargo, persisten. Así nació el I Premio Nacional de Literatura para Mujeres del Ecuador «Mercedes Martínez Acosta»: como una semilla lanzada a una tierra que durante mucho tiempo fue negada, pero que nunca dejó de estar viva.

Ese día, en el auditorio, no solo se nombraron ganadoras. Se nombraron historias. Se nombraron resistencias que ya no quieren quedarse en la orilla, sino transformarse en río.
Fui parte de ese cauce. Recibí una mención de honor en poesía… y aún lo digo en voz baja, como quien guarda un pequeño fuego entre las manos para que no se apague.
Pero más allá del reconocimiento, lo que verdaderamente ocurrió fue un encuentro: cincuenta mujeres confiando sus palabras, abriendo sus mundos, dejando que la escritura las nombre y las sostenga.

Durante décadas, muchas escribimos desde los márgenes, desde la grieta, desde el silencio heredado. Y, sin embargo, aquí estamos: tejiendo una memoria distinta, una literatura que no pide permiso, que florece.

“El jardín de los alelíes” no es solo una antología. Es un territorio simbólico donde ocho voces se alzan como brotes nuevos, pero también como raíces antiguas. Es la confirmación de que toda semilla necesita tierra, pero también comunidad.

 

Esa tarde hubo música, palabras y una emoción que no cabía en el cuerpo. Una certeza compartida: la literatura escrita por mujeres en el Ecuador ya no es un susurro aislado, es una casa que empieza a construirse con muchas manos.

Agradezco a quienes soñaron esto, a quienes sostuvieron la idea, a quienes le dieron forma y cuerpo.

 

Agradezco también a cada mujer que escribe, incluso cuando nadie parece estar leyendo.
Porque escribir, al final, es un acto de fe. Y hoy, esa fe florece.
Con el corazón abierto,

 

Gladys Potosí Chuquín

 

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